Carlos Alberto García Moreno nació bajo el signo de
Escorpio, pero a él le gusta decir que es Libra. Cuando cumplió 3 años sus padres
le regalaron un piano de juguete. Este regalo cambió su vida. Carlitos, como lo
llamaba su mamá, lloraba a todo pulmón
si es que le quitaban el pianito de plástico.
Al año siguiente, en la casa de un vecino, el niño
Carlitos se sentó frente al piano de este, y tocó una melodía bastante
rudimentaria pero armónica. Era la primera vez que tocaba un piano de verdad,
tenía 4 años y sus pies, que calzaban zapatos de charol, no llegaban a los
pedales. Al escucharlo, su madre descubrió que Carlitos tenía un talento
especial para la música. A los 5 años de
edad lo inscribieron en el Conservatorio Thibaud Piazzini, donde inició sus
estudios de música clásica.
Una tarde en la casa de los García Moreno, Eduardo Falú,
un virtuoso y conocido folklorista argentino, dio un pequeño concierto privado
para la familia y un grupo de amigos. Cuando el experimentado guitarrista
andaba tocando, Carlitos, que ya tenía 8 años, se le acerca y, con toda la frescura
que tienen los niños de esa edad, le dice: “Señor tiene la sexta desafinada”. Los
invitados improvisaron risas falsas, esas que tratan de disimular un momento
incomodo pero que por el contrario lo hacen más incomodo aún. La madre de
Carlos Alberto, casi susurrando para que ningún invitado escuche, manda al niño
a su cuarto. Pero Falú, sorprendido, comienza a girar la clavija de la sexta cuerda
mientras que con la mano derecha toca la cuerda cada vez más tensa. El
guitarrista luego de probar su cuerda le dijo a la madre de Carlitos: "Señora
tráigalo. Su hijo tenía razón". Carlitos tenía oído absoluto, una
habilidad que tienen una de 10 mil personas y con la que se puede identificar
una nota por su nombre sin la ayuda de una nota referencial, o ser capaz de
producir exactamente una nota solicitada sin ninguna referencia.
Cuando Carlitos entró al Instituto Social Militar “Dr
Dámaso Centeno”, un colegio del barrio de Caballito, dejó de responder a ese
diminutivo. Ahora era Charly, como lo llamaban los chicos de “To Walk Spanish”, su primera banda de
rock, con la que hacía versiones de los “Beatles” y los “Rolling Stones”. Ya en
la secundaria conoce a Nito Mestre con quien funda Sui Generis en 1972.
El dúo de flacos, altos y con el pelo hasta los hombros
editó tres discos: "Vida" (1972), "Confesiones de Invierno"
(1973) y "Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones". Por diversas
razones, el dúo se separa en 1975, no sin antes organizar un concierto
despedida, durante el cual se registró un álbum doble, "Adiós Sui
Generis".
Pero el genio musical de Charly no podía parar. Si en Sui
Generis había hecho un rock bastante escueto, casi acústico, la siguiente banda
de García sería todo lo contrario.
“La Máquina de hacer Pájaros” fue su nuevo proyecto. Acá
Charly demostraría todo el talento que tiene experimentando con instrumentos
psicodélicos. Con “La Máquina” Charly grabó dos discos: "La Máquina de
Hacer Pájaros" (1976) y "Películas" (1977).
Luego lidera la banda Serú Girán, con quienes graba cinco
discos. En 1982 comienza su carrera como solista.
Su primer disco “Yendo de la cama al living” fue un éxito
rotundo. De ahí se desprenden los éxitos como: “Inconsciente Colectivo” , la
canción que le da título al álbum y “Yo no quiero volverme tan loco”, canción
que se volvería en un himno para los adolescentes argentinos. Para esos días Charly ya se forjaba la imagen
de tipo excéntrico.
En 1987 llegó "Parte de la Religión",
considerado por muchos como el mejor disco del García solista. Este material
fue grabado e interpretado casi en su totalidad por él, y alterna un rock
fuerte con estribillos melódicos.
Pero no todo en la carrera de Charly es música. Por el
contrario muchos recuerdan al músico argentino por sus locuras producto de la adicción
a las drogas. En 1983, se desnudó en pleno concierto.
Después un policía golpeó la puerta de la habitación donde se encontraba el
músico y le dijo: “¡Abra: soy policía!”, a lo que García respondió: ”¿Y yo qué
culpa tengo de que usted no haya estudiado?”
En el año 2000 Charly se
encontraba de gira en Mendoza y estaba alojado en una habitación en el noveno
piso del hotel Aconcagua. Desde su habitación Charly le gritó a un joven que
trabajaba en el hotel: ¿Cuánto tiene la pileta?
Tres metros de hondo..., contestó el joven, siete pisos más abajo. Y García se
tiró sin escuchar el final de la frase del bañero. Charly hizo un clavado de 20 metros desde el noveno
piso del hotel hasta el segundo, donde está la piscina.
Luego de caer en un cuadro de histeria causando
destrozos en un hotel mendocino, Charly fue internado el 9
de julio de 2008 en el Policlínico de Cuyo, donde se le diagnosticó neumonía.
Experimentó una gran mejoría en su estado, por lo que esperó una orden judicial
que posibilitase su traslado a la quinta de Palito Ortega.
El año 2009 Charly retornó a los escenarios en Lima.
Ahora nada queda de ese Charly excéntrico.
Nada queda de esa figura larguirucha, escuálida y desaliñada de bigote mitad
blanco, no por la crema del cappuccino sino por el vitíligo que adolece desde
los 15 años, y dientes roídos por el cigarro.
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