lunes, 3 de diciembre de 2012

Say No More



Carlos Alberto García Moreno nació bajo el signo de Escorpio, pero a él le gusta decir que es Libra. Cuando cumplió 3 años sus padres le regalaron un piano de juguete. Este regalo cambió su vida. Carlitos, como lo llamaba su mamá, lloraba  a todo pulmón si es que le quitaban el pianito de plástico.

Al año siguiente, en la casa de un vecino, el niño Carlitos se sentó frente al piano de este, y tocó una melodía bastante rudimentaria pero armónica. Era la primera vez que tocaba un piano de verdad, tenía 4 años y sus pies, que calzaban zapatos de charol, no llegaban a los pedales. Al escucharlo, su madre descubrió que Carlitos tenía un talento especial para  la música. A los 5 años de edad lo inscribieron en el Conservatorio Thibaud Piazzini, donde inició sus estudios de música clásica.

Una tarde en la casa de los García Moreno, Eduardo Falú, un virtuoso y conocido folklorista argentino, dio un pequeño concierto privado para la familia y un grupo de amigos. Cuando el experimentado guitarrista andaba tocando, Carlitos, que ya tenía 8 años, se le acerca y, con toda la frescura que tienen los niños de esa edad, le dice: “Señor tiene la sexta desafinada”. Los invitados improvisaron risas falsas, esas que tratan de disimular un momento incomodo pero que por el contrario lo hacen más incomodo aún. La madre de Carlos Alberto, casi susurrando para que ningún invitado escuche, manda al niño a su cuarto. Pero Falú, sorprendido, comienza a girar la clavija de la sexta cuerda mientras que con la mano derecha toca la cuerda cada vez más tensa. El guitarrista luego de probar su cuerda le dijo a la madre de Carlitos: "Señora tráigalo. Su hijo tenía razón". Carlitos tenía oído absoluto, una habilidad que tienen una de 10 mil personas y con la que se puede identificar una nota por su nombre sin la ayuda de una nota referencial, o ser capaz de producir exactamente una nota solicitada sin ninguna referencia. 

Cuando Carlitos entró al Instituto Social Militar “Dr Dámaso Centeno”, un colegio del barrio de Caballito, dejó de responder a ese diminutivo. Ahora era Charly, como lo llamaban los chicos de “To Walk Spanish”, su primera banda de rock, con la que hacía versiones de los “Beatles” y los “Rolling Stones”. Ya en la secundaria conoce a Nito Mestre con quien funda Sui Generis en 1972.

El dúo de flacos, altos y con el pelo hasta los hombros editó tres discos: "Vida" (1972), "Confesiones de Invierno" (1973) y "Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones". Por diversas razones, el dúo se separa en 1975, no sin antes organizar un concierto despedida, durante el cual se registró un álbum doble, "Adiós Sui Generis".

Pero el genio musical de Charly no podía parar. Si en Sui Generis había hecho un rock bastante escueto, casi acústico, la siguiente banda de García sería todo lo contrario.

“La Máquina de hacer Pájaros” fue su nuevo proyecto. Acá Charly demostraría todo el talento que tiene experimentando con instrumentos psicodélicos. Con “La Máquina” Charly grabó dos discos: "La Máquina de Hacer Pájaros" (1976) y "Películas" (1977).

Luego lidera la banda Serú Girán, con quienes graba cinco discos. En 1982 comienza su carrera como solista.

Su primer disco “Yendo de la cama al living” fue un éxito rotundo. De ahí se desprenden los éxitos como: “Inconsciente Colectivo” , la canción que le da título al álbum y “Yo no quiero volverme tan loco”, canción que se volvería en un himno para los adolescentes argentinos.  Para esos días Charly ya se forjaba la imagen de tipo excéntrico.

En 1987 llegó "Parte de la Religión", considerado por muchos como el mejor disco del García solista. Este material fue grabado e interpretado casi en su totalidad por él, y alterna un rock fuerte con estribillos melódicos.

Pero no todo en la carrera de Charly es música. Por el contrario muchos recuerdan al músico argentino por sus locuras producto de la adicción a las drogas. En 1983, se desnudó en pleno concierto. Después un policía golpeó la puerta de la habitación donde se encontraba el músico y le dijo: “¡Abra: soy policía!”, a lo que García respondió: ”¿Y yo qué culpa tengo de que usted no haya estudiado?

En el año 2000 Charly se encontraba de gira en Mendoza y estaba alojado en una habitación en el noveno piso del hotel Aconcagua. Desde su habitación Charly le gritó a un joven que trabajaba en el hotel: ¿Cuánto tiene la pileta? Tres metros de hondo..., contestó el joven, siete pisos más abajo. Y García se tiró sin escuchar el final de la frase del bañero. Charly  hizo un clavado de 20 metros desde el noveno piso del hotel hasta el segundo, donde está la piscina.
Luego de caer en un cuadro de histeria causando destrozos en un hotel mendocino, Charly fue internado el 9 de julio de 2008 en el Policlínico de Cuyo, donde se le diagnosticó neumonía. Experimentó una gran mejoría en su estado, por lo que esperó una orden judicial que posibilitase su traslado a la quinta de Palito Ortega.

El año 2009 Charly retornó a los escenarios en Lima.

Ahora nada queda de ese Charly excéntrico. Nada queda de esa figura larguirucha, escuálida y desaliñada de bigote mitad blanco, no por la crema del cappuccino sino por el vitíligo que adolece desde los 15 años, y dientes roídos por el cigarro.

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