lunes, 29 de octubre de 2012

Mi escalera blanquiazul


Soy aliancista por mi padre. No sé a que edad  lo supe, pero fue de muy pequeño. Nunca puse peros, nunca pensé ser de otro equipo, simplemente era algo innato en mí, como mi nombre, como mi apellido. Mi viejo me llevaba al estadio todos los domingos que la plata alcanzaba. Me emocionaba cuando el equipo salía a la cancha, no por ver a los jugadores, si no porque los jugadores lanzaban pelotas a las tribunas y yo moría por atrapar una. Nunca lo logré. Los cohetónes que reventaba la barra brava me hacían llorar del susto y los gritos e insultos me ponían nervioso.

Me gusta Alianza por su tradición. Porque mientras crecía me iba enterando que existía un poeta que tenía la zurda de oro, un nene que había metido 10 goles en los mundiales, un patrón que ordenaba el medio campo y un ser mitológico: mitad perico mitad león, que podía colocar la pelota dondo quería. Me gusta alianza por los goles de Pizarro y Waldir. Por el dribling de Farfán y el chileno Martel. Por el corazón de Pepe Soto y la devoción del profe Costas. Octubre, la mazamorra, el vals, los afroperuanos, la fe, Lima.

Me volví un fanático de Alianza la primera vez que fui a la popular de Matute. El corazón retumbaba en mi pecho como el bombo en el 'Comando Svr'.Me volví fanático de Alianza cuando caminé por Isabel la Católica con los pulmones llenos de el humo del higado frito; cuando entré a la tribuna saltando y cantando bajo un un cielo de banderas blanquiazules; cuando comprendí que no todos los que estaban allí eran delincuentes, como decía mi papá; cuando descubrí todo un pueblo golpeado, cansado, sufrido que solo espera el domingo para cantar y saltar olvidandosé del infierno de la semana.

Pero repasando mi historia con Alianza descubrí que hay un momento en particular en el que comencé a amar, sin entenderlo aún, al club. Tenía 6 años y todavía no entendía muy bien lo que era el fútbol. Aún me asustaba por los cohetes, y ese día hubieron varios. Era la última fecha del 'Descentralizado' de 1997, Alianza había campeonado, después de 18 años, una fecha antes en Talara. Yo no lo sabía. El único recuerdo fuerte que tengo de ese partido es que al final del encuentro mi padre tomó a mis hermanos y a mi y nos encerró en un abrazo a los tres. Nunca nos habíamos abrazado juntos. Fue un abrazo sincero, lleno de amor- No sabía el porqué, pero sabía que era gracias a esos 11 tipos que corrían con camiseta blanquiazul. No hemos vuelto a abrazarnos los tres juntos de nuevo, no sé si lo vovamos a hacer algún día, pero el recuerdo del abrazo más sincero y lindo que tengo se lo debo a Alianza Lima.
¿Cómo no te voy a querer?

No hay comentarios:

Publicar un comentario